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CARLOS PÉREZ SIQUIER

30 de septiembre 06_11 de noviembre 06

Inauguración: sábado, 30 de septiembre 2006 a las 24h.

La realidad fotogénica

Aplicando criterios literarios, podríamos dividir a los fotógrafos en poetas y narradores, o sea aquellos que cantan al mundo y aquellos que lo cuentan. Los dos extremos del abanico extenso de autores podrían ser los publicistas por un lado, generadores de imágenes bonitas y colgables pero poco más, y los corresponsales de guerra por el otro, en busca constante de imágenes que impacten al espectador, por encima incluso del sentido de la narración - ¿puede un relato de guerra venderse al espectáculo? -. Por en medio pululan todo tipo de artistas, desde el poeta del ingenio -como Chema Madoz- hasta el narrador de vidas difíciles -como Nan Goldin-, desde el diarista que habla en los susurros del blanco y negro -como Bernard Plossu- hasta la egocéntrica banal que se disfraza de cualquier cosa -como Ana Laura Aláez-, desde el poeta de los cuerpos masculinos -como Robert Mapplethorpe- hasta el poeta de los cuerpos femeninos –como Helmut Newton-, desde el narrador que no prescinde de las palabras y realiza series que remedan las fotonovelas –como Duane Michels- hasta el que hace de su obra su autobiografía –como García Alix-. Como en Literatura, los mejores, los inevitables, suelen ser quienes han conseguido ir formando una trama narrativa con todas sus fotografías y a la vez ha logrado que cada una de las piezas de esa trama sea poética. Entre estos, hay que situar a Carlos Pérez Siquier.



Pertenece Pérez Siquier a la generación más deslumbrante de la historia de la fotografía española, una generación que a la fotografía es lo que el 27 a la poesía. Algunos de sus integrantes son nombres imprescindibles: Oriol Maspons, Leopoldo Pomes, Xavier Miserachs, Joaquín Gomis o Gabriel Cualladó. Pérez Siquier ha tenido la honradez y el detalle de recordar todos esos nombres al recibir el Premio Nacional de Fotografía y ha manifestado: “Hacíamos una fotografía más bien humanista, en blanco y negro, reflejo de aquella España de Tiempo de Silencio, de Martín Santos”. Es importante el detalle, porque en efecto buena parte de las obras de esos autores, antes que cualquier otra cosa documentan la época en que se realizaron. Pero no son sólo documentos, pues si así fuera, no conseguirían agarrársenos a la memoria: están erguidos por un afán poético indudable, y su fuerza radica en esa mezcla rara y fascinante que hace precisamente de la fotografía una disciplina tan necesaria. Cantan y cuentan esas imágenes.



Pérez Siquier realizó un memorable y ya legendario conjunto de instantáneas en el barrio almeriense de La Chanca entre 1957 y 1972. Es uno de los grandes libros de la fotografía española. Visitarlo es visitar el barrio de La Chanca, pero además, hacerlo de la mano de alguien cuya mirada es experta en el arte de encontrar los detalles que más contienen. “Los maravillosos detalles” que decía Nabokov, son los encargados de hacer de un relato una aventura inolvidable. Y la obra de Pérez Siquier está llena de detalles en sus varias etapas. Algo tan aparentemente aparentemente poco memorable como un cansado viaje en tren desde Almería a Sevilla pasando por Granada, le sirvió para realizar un portentoso relato –donde abundan las fotografías movidas- que, desde que lo vio, uno recuerda cada vez que viaja en tren. Otros dos libros quiero destacar como ejemplo de su método envidiable que consiente el milagro de convertir la realidad en una plantación de detalles significativos y hermosos. En Imágenes de imágenes, se encargó de fotografiar grafismos, pintadas, leyendas, encontradas en paredes, casas abandonadas del Parque Natural Cabo de Gata. Abundan ahí las preciosas obras abstractas que el tiempo en colaboración con la desidia y el abandono es capaz de realizar en los muros que son de nadie. Y en Color del Sur recogió una impactante, divertida y delicada gama de imágenes de playas andaluzas, fragmentando los cuerpos de los bañistas, consiguiendo que una inmensa barriga, un hombre que se tuesta al sol, un bañador de lunares lucido por una hembra obesa, un coche aparcado frente a una duna, fueran fotogénicos. Fotografía, según Pérez Siquier, entre lo real y lo irreal, o quizá fotografías que de tan reales van más allá de la realidad, o enseñan que la realidad está llena de sorpresas (y no hacen falta trucos de laboratorios). Pérez Siquier es uno de nuestros grandes artistas, un poeta y un narrador que ha ido construyendo un catálogo decisivo donde el canto y el cuento aparecen unidos, siameses en pos del constante asombro que nos plantea la realidad. Hay que darle las gracias por habernos enseñado a mirar, a sentir que no hay nada más fotogénico que la realidad.



Juan Bonilla





galería rosa.santos

martes a sábado de 17:00 a 21:00

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